Inteligencia Emocional¿Cuál es el motivo por el que un profesionista con un nivel de inteligencia de 150 IC no puede obtener el éxito en su vida?

Te contare una historia, conocí a un joven muy inteligente, de aspecto serio, voz pasiva, pero en su interior con mucho que contar, es una persona con un coeficiente intelectual de 150, tiene una profesión, maneja varios idiomas, conoce de sistemas computacionales, pero aun con todos estos conocimientos no ha logrado tener éxito económico y profesional, su actitud lo ha llevado por otro camino, pude notar que no pretende buscar más allá, no es expresivo, su forma de comunicarse es seria y en ocasiones cortante, como si no le interesara conversar contigo, sin embargo te escucha, pero no sientes la confianza de hablar con libertad, deja ver que no le da importancia a las emociones, la forma de relacionarse con los demás no es buena y esto lo a obstaculizado. En este punto pude preguntarme,

¿Hasta dónde la emociones interfieren para obtener éxito en nuestra vida?

En estudios descubrieron que quienes fracasaban tenían, casi siempre, gran pericia y alto CI. Sin embargo, en todos los casos, la debilidad que les impedía el éxito estaba en su Inteligencia Emocional: mucha arrogancia, demasiada fe en el poder del cerebro, incapacidad de adaptarse a los cambios económicos de la región y desdén por la colaboración o el trabajo en equipo. Poseían lo que se denomina un estilo “duro” de liderazgo. Y este estilo les impedía alcanzar el éxito.

La respuesta necesariamente radica en que la inteligencia académica tiene poco que ver con la vida emocional. A decir verdad, desde una perspectiva general sí que parece existir cierta relación entre el CI y las circunstancias por las que discurre nuestra vida. De hecho, las personas que tienen un bajo CI suelen acabar desempeñando trabajos muy mal pagados mientras que quienes tienen un elevado CI tienden a estar mucho mejor remunerados. Pero esto, ciertamente, no siempre ocurre así.

Las características de la inteligencia emocional son la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y, por último —pero no. por ello, menos importante—, la capacidad de empatizar y confiar en los demás.

Con esto se puede notar que el CI no siempre es la clave del éxito, es decir, se puede contar con ello, pero si no maneja de manera adecuada sus emociones no podrá tomar una actitud y decisiones que lo ayuden a progresar.